El Fenix, o la novela de una vida.

Lope, en su prosa narrativa, rindió tributo a la , entonces en boga, novela pastoril-pagana y divina-; a la novelistica italianizante de los novellieri, con varias narraciones-que hoy llamaríamos novelas cortas-, y hasta resucitando la forma de las novelas dialogadas que inició “La Celestina”, si bien no entró en el campo novelesco de la, entonces celebrada, novela picaresca; cultivando, en cambio, la novela de amor y de aventuras, de tan espléndida trayectoria en tiempos clásicos. Todos los géneros más representativos de la novelística de la época tubieron en Lope un cultivador exepcional, y de haberse decidido a narrar la historia – que bien podía ser novela – de su propia vida, sin duda se  “hubiera levantado con el cetro de la novela” , como dijo Cervantes que  “alzóse con la monarquía cómica”. Pero sin darnos datos concretos, fechas ni circunstanciados acontecimientos humanos de su vivir, nos legó las huellas indelebles de su paso humano en las páginas de sus libros, en las escenas de sus comedias – en las que tantas veces es él el protagonista – y, de modo fehaciente, en sus versos líricos, donde todavía palpitan, vivas, las pasiones violentas de su corazón torrencialmente desbordado, como en las cataratas del arte barroco de su tiempo. Muchas – y algunas muy estimables – son las biografías que los historiadores escribieron de este hombre extraordinario que pasmó  a su siglo con el torbellino vital de su existencia y la prodigiosa fecundidad de su genio poético, este ” poeta del yo”, como atinadamente le llamó Marcel Carayón.  Sus pasiones y sentimientos, sus amores y sus odios los hemos de encontrar en los poemas líricos que veremos a lo largo de este blog – pero la biografía del poeta, de ese “Monstruo de la Naturaleza”, como lucidamente le llamó Cervantes, no la habríamos ni siquiera esbozado, tanto porque nuestra impericia no lo consiente, como porque este blog no lo reclama.

Palabras da Rosalía.

Originalmente publicado en Camiño do meu contento.:

“Gardados estaban, ben podo decir que para sempre, estes versos, e xustamente condenados pola súa propia índole á eterna olvidanza, cando, non sin verdadeira pena, vellos compromisos obligáronme a xuntalos de presa e correndo, ordenalos e dalos á estampa. No era esto. en verdade, e que eu quería; mais no houbo outro remedio; tiven que conformarme co o duro das circunstancias que así o fixeron.” “¡Vaian en boa hora, lles dixen entonces, estes probes enxendros da miña tristura!, ¡vaia antre os vivos o que xa é, pola súa propia naturaleza, cousa dunha morta ben mortal!”E fóronse, sin que eu sepa pra qué, nin me faga falla sabelo.”

Máis de dez anos pasaron – tempo cáseque fabuloso a xusgar pola presa con que hoxe se vive – desque a maior parte de estes versos foron esquirtos, sin que as contrariedades da miña vida desasosegada, i unha saude decote endebre, me permitisen…

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Cuando las secas encinas…

Cuando las secas encinas,

álamos y robles altos,

los secos ramillos visten

de verdes hojas y ramos

y las fructíferas plantas

con mil pimpollos preñados

brotando fragantes flores

hacen mil colores varios

para pagar el tributo

al bajo suelo, ordinario

natural de la influencia

qu’el cielo les da cada año,

y secas las hierbezuelas

de los secretos contrarios

por naturales efectos

al ser primero tornado,

de cuyos verdes renuevos

hacen mil colores varios

de miles distintas flores

que esmaltan los verdes prados,

de lechales cabritillos

y los corderos balando

corren a los alcaceles

ya comiendo, ya jugando,

cuando el pastor Albano suspirando,

con lágrimas, así dice llorando:

” Todo se alegra, mi Belisa, ahora

sólo tu Albano se entristece y llora.”

 

Los romeros y tomillos

de cuyos floridos ramos

las fecundas abejuelas

sacan licor dulce yclaro,

y con la mucha abundancia,

su labor melificando

hinchen el panal nativo

de poleo tierno y blanco,

de cuyos preñados huevos

los hijuelos palpitando

salen, por gracia divina,

a poblar ajenos vasos;

las laboriosas hormigas

de sus provistos palacios

seguras salen a ver

el tiempo sereno y claro

y los demás animales,

aves, peces, hierba o campo,

desechando la tristeza,

todos se alegran ufanos

previniste, tiempo alegre;

mas triste, el pastor Albano,

a su querida Belisa

dijo, el sepulcro mirando:

” Cuando el pastor Albano…”, etc.

 

Belisa, señora mía,

hoy se cumple justo un año

que de tu temprana muerte

gusté aquel potaje amargo.

Un año te serví enferma,

¡ojalá fueran mil años,

que así enferma te quisiera,

contino aguardando el pago!

Sólo yo te acompañé

cuando todos te dejaron,

porque te quise en la vida

y muerta te adoro y amo;

y sabe el cielo piadoso

a quien fiel testigo hago,

si te querrá también muerta

quien viva te quiso tanto. 

Dejásteme en tu cabaña

por guarda de tu rebaño,

con aquella dulce prenda

que me dejaste del parto,

que por ser hechura tuya

me consolaba  algún tanto

cuando en su divino rostro

contemplaba tu retrato; 

pero duróme tan poco

qu’el cielo por mis pecados,

quiso que también siguiese

muerta tus divinos pasos.

” Cuando el pastor Albano…”, etc.

Es adagio provincial…

Es adagio provincial

que todas las cosas son

de Lope: extraño caudal:

mas por la misma razón,

vuestras, con aplauso igual:

que yo siempre vuestro fui.

Pues ¿ cuál es más en los dos,

si yo cuanto soy os di,

ser todas ellas de mí,

o ser yo todo de vos?

Que por reliquias acete

las olivas, me promete

la diferencia del caso,

porque en vos son del Parnaso

y en mí del monte Olivete.

Busqué, en fin, señor maestro,

qué enviaros, y mi amor

sólo hallé del caudal nuestro;

mas fuera dárosle error,

porque también era vuestro.

En las mortales fortunas.

En las mortales fortunas

eso es perder que ganar;

porque,en llegando a juntar

las piezas, todas son unas.

 

Sale la ambición mortal,

de su engaño persuadida,

del puerto a todos igual

al mar de la humana vida,

aventurando el caudal;

pero puesto que importunas

naveguen las esperanzas,

no hay que fiar en ningunas,

porque hay notables mudanzas

en las mortales fortunas.

¿Que importan grandes estados,

en guerra o paz adquiridos

para mayores cuidados,

si son despojos perdidos

ejemplos de los ganados?

¿De que sirve porfiar

en la gloria del subir?

Que aunque se pueda parar,

habiendose de morir,

eso es perder que ganar.

Con tal mano e igual pie

la muerte las piezas junta,

que si el Rey se lo pregunta,

no le responde por qué;

tan muda suele llegar

a juntar con el morir

todos los ríos al mar,

que a nadie quiere decir

por qué en llegando a juntar.

Sólo, a pesar del tesoro,

diferencia la mortaja

de su sepulcro el decoro,

en la tierra humilde y baja,

o ser mármol, bronce y oro:

que supuesto que ningunas

perdona, aunque respetar

debiera vidas algunas,

en llegando a sepultar

las piezas, todas son unas.

Cuidados, ¿Que me quereis?…

“Cuidados, ¿qué me queréis?

tened un poco la rienda;

que no podréis derribar

lo menos de mi firmeza.

Entre el amor y vosotros

hay notable diferencia:

que el amor tiene por gloria

lo que vosotros por pena.

Pensaréis que me obligáis

en hacer que no la tenga:

¿quién os engaña, cuidados,

si descanso en padecerla?

Para cuidados os quiero;

que no puede ser que os quiera

para descanso quien ama,

para cuidados quien cela.

Cuando contemplo, Amarilis,

en tu divina belleza,

tanto gusto de los males,

que de los bienes me pesa.

Los desdenes de tus ojos

agradezco por fineza.

¡Que nueva invención de amor

que los disgustos se deban!

A tal extremo he llegado,

que estimo que me aborrescas,

por ver si puede mi amor

satisfacerse de penas.

Y con pensar que te obligo

aún no quiero que lo sepas,

porque el verdadero amante

sólo de su amor se premia.

Pero mira ¡qué desdicha !

que tal vez en esta ausencia

no me alivia tu hermosura

por imaginar mi ofensa.”

 

      *  *  *   *   *

¡Oh dura y terrible ausencia…

¡Oh dura y terrible ausencia,

prolija, enfadosa y larga,

robadora de mis males

y de mis males la causa !

Por ti viven mis cuidados

por ti muere mi esperanza,

por ti crecen los deseos

y mengua la confianza.

Ausente está mi pastora,

pero si ausente me amara,

dichosos son mis deseos,

dichosas llamas mis ansias.

Belisa, señora mía,

regalo y bien de mi alma,

si sientes lo que yo siento,

¿qué sufrimiento te basta?

Que si el amor que me tienes

con el que te tengo iguala,

¿ cómo se dilata el tiempo ?

¿ cómo tu venida tarda ?

que el plazo que señalaste

para verme en mi cabaña

ya se acercó y no viniste;

ya mi paciencia se acaba.

¿ Quién puede tanto en mis penas ?

¿Quién mis glorias desbarata

y no pensando ofenderme

me ofende, lastima y mata ?

Y no conozco alegría;

mil siglos ha que me falta:

de noche cuento las horas,

y las del dia me cansan.

Todo me es tiniebla escura

sin ti, que eres mi luz clara.

Si piensas que era fingido

el amor que te mostraba

y que engañada vivias,

vives en ello engañada,

y si quieres hacer prueba

de mis sinceras entrañas,

y ver mis horas cumplidas,

ven a cumplir tu palabra.

Dime, esperanza, que los ojos velas…

Dime, esperanza, que los ojos velas,

ánimo del cobarde atrevimiento,

piedra en que afila amor su pensamiento,

autora de sus trazas y cautelas,

¿por qué con tus quimeras me desvelas,

después que te he dejado, y me arrepiento

de haberte dado fe, pues fue tu intento,

pintando el bien, poner al mal espuelas?

  Vete a los engañados, esperanza,

que ya tu compañía me fastidia,

y no es razón que tus engaños calle;

  porque he llegado a tal desconfianza,

que al más mísero y triste tengo envidia,

y ya no quiero bien, si he de esperalle.

Soneto

Hermosas plantas fértiles de rosas

doradas y extendidas clavelinas,

que en verdes hojas de esmeraldas finas

a vuestros ojos parecéis vistosas;

frondosos olmos, vides amorosas,

de consumiros con el tiempo indinas,

¿visteis del sol las luces más divinas

mirarse en vuestras ramas victoriosas?

¿ Amaneció jamás tan claro el dia ?

¿ Resplandecieron más vuestros despojos

con el rocío que del alba os toca ?

Aquí debe de estar la prenda mía,

porque ese resplandor es de sus ojos

y aquese aljófar de su dulce boca.

Corria un manso arroyuelo…

Corría un manso arroyuelo

entre dos valles al alba,

que sobres prendas de aljófar

le prestaban esmeraldas.

Las blancas y rojas flores

que por las márgenes baña,

dos veces eran narcisos

en el espejo del agua.

Ya se volvía el aurora

y en los prados imitaban

celosos lirios sus ojos,

jazmines sus manos blancas.

Las rosas en verdes lazos,

vestidas de blanco y nácar,

con hermosura de un dia

daban envidia y venganza.

Ya no bajaban las aves

al agua, porque pensaban,

como daba el sol en ella,

que era pedazos de plata.

En esta sazón Lisardo

salía de su cabaña,

¿ quién pensara que a estar triste

donde todos se alegraban ?

Por las mal enjutas sendas

delante del ganado baja,

que a un mismo tiempo paciendo

come yelo y bebe escarcha.

Por otra parte venía

de sus tristezas la causa,

hermosa como ella misma,

pues ella sola se iguala.

Leyendo viene una letra

que a sus estrellas con alma

compuso Lisardo  un dia

con más amor que esperanza.

Vióle admirado de verla

y de unas cintas moradas,

para matalle a lisonjas

el instrumento desata,

y por dos hilos de perlas

que dos claveles guardaban,

dio la voz al manso viento

y repitió las palabras:

“Madre, unos ojuelos vi

verdes, alegres y bellos;

¡ Ay, que me muero por ellos

y ellos se burlan de mí !

Las dos niñas de sus cielos

han hecho tanta mudanza,

que la calor de esperanza

se me ha convertido en celos.

Yo, pienso, madre, que vi

mi vida y mi muerte en ellos.

¡ Ay, que me muero por ellos

y ellos se burlan de mí !

¿ Quién pensara que el color

de tal suerte me engañara ?

Pero ¿ quién no lo pensara

como no tuviese amor ?

Madre, en ellos me perdí

y es fuerza buscarme en ellos.

¡ Ay, que me muero por ellos

y ellos se burlan de mí !”

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