Romance.

Llorando estaba afligida

en una oscura prisión

el alma con mucha causa,

que estaba ausente de Dios.

Pesábale de haber sido

tan ingrata a su Señor,

que perdonada mil veces,

otras tantas le ofendió,

y de ver que un falso amigo

sola una vez le vendió,

y ella mil veces al dia

hizo la misma traición.

El verse ingrata lloraba

a tantas prendas de amor,

que nació para buscarla,

y porque viva murió.

Miraba que a la partida

en blanco pan se quedó

para no apartarse de ella,

y sustentarla mejor.

Y así, mirando en la cruz

sus brazos con tal dolor

para el castigo clavados,

y abiertos para el perdón,

arrepentida y contrita,

que el contrito corazón

nunca Dios le ha despreciado,

dijo con llorosa vos:

“¡ Oh qué firmes somos,

Dios mio, yo y vos,

vos en perdonarme,

y en dejaros yo.

” ¡ Oh qué  gran firmeza

que los dos tenemos,

vos en ser piadoso,

y yo en ofenderos!

Admírase el cielo

que demos los dos:

vos en perdonarme,

y en dejaros yo!”

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